La Industria editorial, entre la apertura de importaciones y la reducción del consumo

mayo 3rd, 2017 | por laopiniondiaria
La Industria editorial, entre la apertura de importaciones y la reducción del consumo
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(Por: Fabiana Solano*, para La Opinión Diaria. Escuchala los viernes en Circus)

El jueves 27 de abril abrió sus puertas el predio de la Rural para dar comienzo a la edición número 43º de la Feria Internacional del Libro que permanecerá hasta el 15 de mayo. Para el 2017 está prevista la presencia de cientos de escritores nacionales e internacionales (entre ellos los premios nobel Mario Vargas Llosa y John Coetzee), y el desarrollo de más de 1500 presentaciones. Desde la organización esperan, como cada año, superar el millón de visitas.

Sin embargo, lejos de los buenos augurios y mensajes de bienvenida, el acto de inauguración de la actividad estuvo fuertemente marcado por la tensión que existe entre el Gobierno Nacional y las editoriales debido a la apertura de importaciones y otras medidas económicas que han afectado de forma directa a la Industria del libro.

Desde principios de 2016 la coyuntura del sector es más que problemática. Esto se explica principalmente por tres factores: la caída de las ventas por la reducción del poder adquisitivo de los argentinos; la producción de menores tiradas por la necesidad de reducir costos; y el crecimiento de las importaciones.

Según los últimos datos de la Cámara Argentina del libro (CAL) que agrupa a unas 500 editoriales locales, en 2016 cayó un 25 por ciento la venta de libros en Argentina, es decir que se vendieron 20 millones de ejemplares menos que en 2015. También la crisis se observa en la reducción del número de editoriales que publicaron títulos: mientras en 2015 fueron 341, en 2016 la cifra se redujo a 280. Es decir que 61 empresas no publicaron novedades a lo largo de todo el año. En 2016 también la producción cayó el 12%, en relación a 2015.

Desde la industria indican que la principal causa del derrumbe se debió a la apertura de importaciones, es decir la eliminación del llamado “cepo editorial”. En números concretos las importaciones pasaron de u$s 40 millones en 2015 a u$s 78,6 millones en 2016, lo que implica un aumento del 95,5% durante el primer año del gobierno de Mauricio Macri. En lo que va de este año, la estimaciones son de u$s 24 millones para el primer trimestre contra u$s 15 millones para el mismo período de 2016 por lo que no hay buenas perspectivas.

La medida de la Secretaria de Comercio se hizo efectiva a través de la Resolución N’ 1/2016 por la cual se eliminaron las restricciones para el ingreso de libros impresos en el exterior. En los fundamentos de la iniciativa se menciona que a través de la Ley N° 25.446 el Estado Nacional “reconoce en el libro y la lectura, instrumentos idóneos e indispensables para el enriquecimiento y transmisión de la cultura, estableciéndose que adoptará las medidas necesarias para el cumplimiento de los objetivos señalados por la misma”.

En su momento la medida fue anunciada como un gran éxito por los ministros de Cultura e Industria, Pablo Avelluto y Francisco Cabrera. Argumentaban que el cepo había producido “aislamiento” y “la caída de la industria editorial”; que existía la necesidad de generar empleos calificados en “conexión con el mundo” para autores, editores, correctores, ilustradores y diseñadores argentinos; que la medida apuntaba a promover la pluralidad de voces y democratizar el acceso a los libros provenientes del extranjero; y que “los lectores argentinos van a tener acceso a la mayor oferta bibliográfica disponible.” En el comunicado oficial los ministerios anunciaron también que trabajarían “junto al sector para promover a la industria editorial dentro de las industrias culturales donde la Argentina tiene mucho para aportar, en especial al mundo de habla hispana”.

No obstante entre el discurso y los hechos existe una grave contradicción que tiene que ver con el desconocimiento de las Industrias Culturales (IC) por parte de los responsables de la gestión cultural y administrativa. En términos amplios cuando se habla de IC se hace referencia a aquellas industrias cuyos productos son primariamente bienes simbólicos, en los que por tanto es imposible disociar su valor económico del valor cultural. Incluye las industria cinematográfica, fonográfica, editorial (libros), la prensa diaria, radiodifusiva y los videojuegos. En el plano de lo económico tienen ciertas características que las hacen más vulnerables a las crisis y por ello son necesarias la intervención y regulación específica del Estado: la oferta antecede a la demanda; es imposible prever el éxito de los bienes; los bienes y servicios son de consumo no excluyente o limitante; y son extremadamente perecederos por lo que pierden valor rápidamente.

Asimismo es imposible comprender las actuales problemáticas del sector sin tener en cuenta ciertos procesos históricos que han transformado la cultura en las últimas décadas a nivel mundial: la desregulación, la concentración, la globalización, y la financiarización de la economía. Si a esto le sumamos el afianzamiento de la lógica del marketing en el funcionamiento de las industrias culturales, el único resultado posible es la reproducción hegemónica de los productos de mayor éxito, con la consecuente reducción de la oferta cultural.

Más allá de las singularidades que presenta cada uno de los géneros que conforman las IC es posible sostener que ni la tecnología ni el mercado, por sí mismos, pueden garantizar un equilibrio ni conciliar la perspectiva económica con la diversidad creativa e ideológica propia de una sociedad democrática. Es por ello que resulta indispensable contar con políticas públicas que, lejos de estar guiadas por un concepto netamente economicista y unilateral de la cultura y la comunicación, tiendan a crear las condiciones necesarias para garantizar un espacio público dinámico, plural, y sostenible en el tiempo.

En 2015 por ejemplo, gracias a la implementación de una serie de políticas de protección e incentivo, la industria cultural alcanzó una producción de 70.000 millones de pesos, equivalente a casi 3% del PIB, una etapa récord en la historia local, según cálculos oficiales del SINCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina). En relación al sector editorial los datos de las cámaras muestran que el mercado tuvo un crecimiento del 114 % desde que se impuso la restricción a importaciones. La cantidad de ejemplares registrados por año pasó de 60 millones en 2010 a 128.9 millones en 2014, de acuerdo la Agencia Argentina de ISBN. Estos últimos datos ponen en jaque los argumentos de los funcionarios en torno a la falta de “diversidad” y “libertad de elección” para el lector argentino. El “cepo editorial”, lejos de atentar contra ello, era una política fuertemente orientada a la protección del mercado interno y la industria Nacional.

 

Podés escucharla a Fabiana Solano, en ‘Cultura en 120’, todos los Viernes a las 18hr en Circus 104.9 o www.circusplay.net, en el programa ‘¿Quién Dijo?

Si te la perdiste, te dejamos con lo que fue su segunda entrega, acá:

*Fabiana SolanoProfesora de Sociología y Licenciada en Sociología de la UBA, Técnico Superior en Periodismo, Profesora de Ciencias Sociales e Inglés, fue redactora y fotógrafa de “Revista Cítrica” y de la revista “El Acople”, fue productora de ‘El Acople Radio’ y columnista de Diario Registrado y Pensado Para Televisión (PPT)

 

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