El 25 de Mayo y la construcción del mito

mayo 31st, 2017 | por laopiniondiaria
El 25 de Mayo y la construcción del mito
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(Por: Fabiana Solano*, para La Opinión Diaria. Escuchala los viernes en Circus)

Si te la perdiste, te dejamos con lo que fue su quinta entrega, acá:

El último jueves 25 de mayo los argentinos celebramos el 217° Aniversario de la Revolución de Mayo, el inicio de un proceso que seis años después culminaría con la Declaración de la Independencia Argentina. En relación a esta fecha existen múltiples mitos e imágenes fuertemente arraigadas en la memoria de los argentinos. Esto no significa que sean necesariamente verdaderos o falsos, sino que fueron históricamente construidos por quienes detentaron o detentan el poder y se han popularizado y encuadernado de forma tal que se reproducen como una supuesta realidad que no puede ser refutada. Esto sería imposible sin la incorporación de múltiples dispositivos educativos y socio culturales de producción y difusión del discurso, estatales y privados, a los procesos de socialización de los argentinos desde hace cientos de años.

Es aquí donde se hace necesario preguntarnos por el rol que cumplen estos mitos. Alejandro Grimson sostiene en su libro “Mitomanías argentinas” que es necesario abordar los mitos acerca de cómo se conforma la sociedad argentina y que para ello es preciso derribar algunas creencias falsas. “Un país no puede desarrollarse, ni crecer, ni tener nociones fuertes de justicia social si no construye una identidad. Suele decirse que no se puede tener futuro sin memoria. Este libro busca poner en evidencia que no podemos aspirar a un futuro más igualitario y democrático sin comprender antes quienes somos. Quiénes somos nosotros, los que participamos en las decisiones, quiénes somos lo argentinos y los habitantes del país”, sostiene.

La celebración de los festejos del Bicentenario de la Revolución de Mayo en 2010 organizados por el Gobierno Nacional abrió la posibilidad de repensar la historia Argentina y de la región desde una perspectiva menos convencional. Justamente se partió de la idea de que  celebrar los procesos rupturistas debería convocar a pensar la historia no solo como preocupación por el pasado sino como preocupación por el presente, y fundamentalmente por el futuro. Esto implica un ejercicio colectivo de deconstrucción de las efemérides, las fechas patrias y las conmemoraciones que no son más que creaciones culturales-políticas-ideológicas destinadas a construir y consolidar memoria (y olvido). “Los mitos que construimos acerca de nosotros mismos son una calamidad que debemos enfrentar y desmantelar. Son las mentiras sobre las cuales se sostiene la cultura argentina, una de cuyas dimensiones es nuestra cultura política. A los mitos naturalizados se oponen datos y hechos, pero también posiciones éticas e ideas – lógicas. Para construir otra cultura política debemos des mitificar”, sugiere Grimson.

Pondremos en marcha dicho ejercicio analizando el primer mito fundacional de nuestro país: La revolución de Mayo. Lo que sí sabemos con certeza es que la Revolución de Mayo significó un cambio concreto: hasta entonces quien mandaba era el Virrey Cisneros, y luego de la revolución se conformó la Primera Junta de 9 miembros que se trato de un gobierno autónomo. Sin embargo no se podía plantear más allá porque había que consultar al resto del territorio. La verdadera Independencia, se gestó 6 años después, el 9 de Julio de 1816, cuando se creó un Estado Soberano.

En relación a la construcción del mito me atrevo a decir que la mayoría de los argentinos identificamos la fecha patria con una serie de imágenes particulares (similares a las que podría traer un Billiken) imborrables para el resto de nuestras vidas: el pueblo reunido frente al Cabildo esperando enterarse las buenas nuevas. Las mujeres con enormes vestidos y peinetones, los hombres con largos sacos. Todos con sus  escarapelas celestes y blancas, que habían sido entregadas por French y Berutti. La lluvia que no arruinó la fiesta por los paraguas, el sereno que daba la hora, la negra que vendía las empanadas…

Repasemos las características una por una. En principio la vestimenta. Para representar el 25 de mayo a las mujeres nos disfrazaban con grandes trajes  de “dama antigua” y los famosos peinetones en la cabeza. Sin embargo estos últimos no existían en 1810. Mariquita Sánchez de Thompson los pudo haber usado, pero recién a partir de 1828 cuando Manuel Masculino llegó a Buenos Aires y comenzó a venderlos. La ropa por otro lado era muy sencilla pues las mujeres se hacían sus propios los vestidos que eran de un tiro alto. El hombre en general usaba levita, un saco con cola. Eso sí, todos por supuesto con sombreros.

El personaje del sereno en los actos escolares era de los menos valorados. Se trataba del que anunciaba si había buen o mal tiempo, y decía ‘¡Las 12 han dado y sereno!’. En realidad la figura del sereno es muy posterior, recién de la década de 1830.

En relación a las tradiciones gastronómicas muchos historiadores no pueden aseverar si el mate, las empanadas, los pastelitos y el locro estuvieron presentes durante la jornada, pero sí se confirma que eran comidas comunes en ese período. El mate era la bebida tradicional de la época. San Martín por ejemplo tenía la costumbre de tomar mate amargo, además de mucho café. El historiador Daniel Balmaceda cuenta siempre una graciosa anécdota: “Ya en 1600 hubo una prohibición de tomar mate porque decían que la gente no trabajaba por tomarlo. Era una de las bebidas principales en las tertulias a la noche junto con el chocolate”.

Pero la polémica se genera en relación a las empanadas una típica comida de paso para cuando las personas no podían sentarse a comer. Todos alguna vez tuvimos que hacer de vendedor ambulante y recitar el famoso jingle ‘¡empanadas calientes que queman los dientes!’. Pero aquello no podía suceder de ninguna manera porque las empanadas se compraban en la recova, no en el medio de la Plaza de Mayo, en un canasto semitapadas y que por supuesto a esa altura ya se habían enfriado.

Otra de las grandes discusiones es en relación a la noción del “pueblo” que participó del acto en la Plaza. Con respecto a este punto hay un acuerdo claro y es que en ese momento el “pueblo” eran los vecinos importantes y las familias más prestigiosas. Las clases sociales estaban claramente definidas y al Cabildo abierto se invitaba a todo el vecindario, que serían alrededor de 450 personas de los 50 mil habitantes que tenía la Ciudad. Era muy poco representativo y la multitud que nos podemos imaginar no era tal.

La historiadora Ana Castro relata que luego de la jura de la Junta “se desencadena la lluvia y todo el mundo se va a su casa. Ahí termina el 25 de Mayo»”. Y aquí es donde cae el mito de los paraguas ya que si bien ya existían, eran elementos de lujo y no eran impermeables, se usaban fundamentalmente como sombrilla.

French y Beruti se volvieron dos personajes entrañables de la historia. Los jóvenes entusiastas de la libertad que repartieron las escarapelas, en realidad pertenecían a un cuerpo militar, y estuvieron a cargo de la organización del Cabildo abierto. Domingo French era el superior de Antonio Luis Berti y ambos se vinculaban más con el ala más radical del partido patriota (los futuros morenistas). Tenían la función de agitar las calles en favor de la salida política alentada por este grupo, y por eso es que su apodo era  ”Los Chisperos”. Lo que hacían era admitir a algunos vecinos y a otros disuadirlos para que no participaran. En relación a las escarapelas, se sabe que nunca se repartieron entre la ciudadanía ya que eran un distintivo militar. Lo que se podía distribuir eran cintas blancas al sombrero, porque se usaban para mostrar cierto partidismo hacia alguna idea política. Sin embargo el reparto de las cintas celestes y blancas concretamente ocurrió entre marzo y abril de 1811. No existieron cintas celestes y blancas en 1810, sí unos años después.

El historiador Roberto Marfany lo comprobó en un documento que encontró en el Archivo General de la Nación: “Amanecieron lunes en Plaza Mayor bastante porción de encapotados con cintas blancas al sombrero y casacas en señal de unión entre americanos y europeos, y el retrato de nuestro amado monarca (Fernando Séptimo) en el cintillo del sombrero, de que vestían a todo el que pasaba por allí. Comandábalos French, el del Correo, y Berutti, el de Cajas…”.

La narrativa más importante y la que debemos desmitificar es la idea de que la Revolución de Mayo fue un fenómeno federal. A la pregunta qué pasó el 25 de Mayo en el resto del Virreinato, en lo que ahora son las provincias, debemos contestar “Nada absolutamente” y por una simple razón: no hubo tiempo de anoticiarse. Si bien llegaron algunas notificaciones a otras regiones solo se contaba que se estaba generando un movimiento pero en la mayoría de los casos no se percibía la noción de ‘revolución’. De hecho cuando desde la Junta presidida por Saavedra se enviaron chasquis a los cabildos de las provincias para informar las buenas nuevas e invitarlos a que envíen sus representantes, la reacción no fue unánime. Muchos Cabildos del interior al enterarse  se resisten, otros apoyan la iniciativa con satisfacción, y otros como Paraguay y la banda Oriental nunca van a aceptar a las nuevas autoridades. La historiadora Marcela Ternavasio explica muy bien esto cuando dice que “a partir de 1811, Buenos Aires se festeja a sí misma. Y esto dura hasta gran parte del siglo XIX.”

Todos estos elementos forman parte de un relato que se ha transmitido a través de las generaciones, se ha ido construyendo como parte de la memoria colectiva y se ha convertido en un símbolo casi inquebrantable. Las conmemoraciones y las celebraciones son un componente esencial en la formación de los imaginarios sociales y las identidades. Justamente la relación entre lo que se olvida y lo que se recuerda de un proceso histórico da cuenta de la producción de ideologías y la reproducción de ciertas lógicas ligadas al poder.  Los relatos oficiales oficiales son la memoria del poder, cristalizado en estructuras mentales encasilladas pero al mismo tiempo variables según el peso de la biografía personal.

En 1810 si se produjo una Revolución y en 1816 se proclamó la Independencia. Esto significó que la opción del orden pragmático primó por sobre el espíritu libertario. La demanda de orden de los grupos propietarios, mayoritariamente conservadores, terminó por eliminar el impulso “jacobino”, verdadero espíritu de las ideas revolucionarias. Más allá de estos posibles debates y los análisis políticos del pasado, la celebración de los procesos iniciados entonces nos convocan e repensar la historia y rever este tipo de dispositivos de enunciación en el marco de un debate o batalla cultural que nos atraviesa a todos. Una batalla que debe  incluir los valores y creencias de la sociedad argentina, y debe sostenerse en base a hechos concretos y no afirmaciones sin contenidos.

 

Podés escucharla a Fabiana Solano, en ‘Cultura en 120’, todos los Viernes a las 18hr en Circus 104.9 o www.circusplay.net, en el programa ‘¿Quién Dijo?

*Fabiana SolanoProfesora de Sociología y Licenciada en Sociología de la UBA, Técnico Superior en Periodismo, Profesora de Ciencias Sociales e Inglés, fue redactora y fotógrafa de “Revista Cítrica” y de la revista “El Acople”, fue productora de ‘El Acople Radio’ y columnista de Diario Registrado y Pensado Para Televisión (PPT)

 

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