Aborto legal, una carrera hacia el consenso

febrero 28th, 2018 | por laopiniondiaria
Aborto legal, una carrera hacia el consenso
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(Por Andrea Sabbatella Idzi para La Opinión Diaria) La etapa de discusiones y puesta en conocimiento de todas las posturas y fundamentos ya cumplió su ciclo. ¿Será hora de tomar una determinación y dar fin a la eterna controversia? ¿Es necesario verificar el mínimo de consenso, o se trata de una emergencia?

El pasado 2 de febrero, en el popular programa “Intrusos”, apareció su conductor, Jorge Rial, con el pañuelo verde representativo por la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, planteando sorpresivamente, entre los panelistas, abrir la discusión al respecto. Las redes se hicieron eco de esta puesta en escena, y muy pronto la agenda política y social de todos los medios se vio atropellada por una avalancha de consignas a favor y en contra de la despenalización del aborto.
Sin embargo, no fue de este modo y en el presente que surgió en nuestro país la controversia sobre la interrupción voluntaria del embarazo. El asunto y toda su polémica está instalado en la agenda social hace años, y en los últimos se ha desarrollado en forma creciente una presión en el seno del movimiento de mujeres y a través de diversas organizaciones, asociaciones y colectivos culturales, pero principalmente por la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Los datos rojos del aborto clandestino revelan la presencia de medio millón de mujeres gestantes que acude a situaciones inseguras, innecesarias teniendo en cuenta que en la actualidad, y según la OMS, la interrupción de un embarazo no es una práctica riesgosa. El aumento de la morbimortalidad debido a estos procedimientos que, por ser ilegales y clandestinos, se tornan peligrosos para la vida de las mujeres, ha derivado en una apremiante emergencia de salud. Una emergencia que debería hacer estallar las alarmas de cualquier país que mínimamente supervise su calidad sanitaria.
Sin embargo asistimos a una intensificación de las posturas que se radicalizan al calor de la polémica. La apuesta “pro-vida” insiste en poner el foco sobre el surgimiento de la vida humana, utilizándola como punta de lanza en su afán de perforar el tejido argumentativo de años de lucha feminista y de crecientes cifras rojas en mortalidad.
Investigamos el panorama jurídico y en consecuencia tenemos que tomar en cuenta la legislación argentina, internacional, y la sucesión de recomendaciones por parte de los organismos pertinentes. La Convención de Derechos del Niño, instrumento al que nuestro Estado suscribe y eleva al rango constitucional, tiene un órgano supervisor dentro de la esfera de las Naciones Unidas, el Comité de Derechos del Niño. Dicho órgano hizo una serie de recomendaciones en el año 2010 a los Estados suscribientes, entre ellos a la Argentina. Por un lado, instó a nuestro país a que promueva medidas urgentes para “reducir la mortalidad materna relacionadas con el aborto” y por otro, que “enmiende el artículo 86 del Código Penal en lo que respecta al aborto legal” (el artículo que penaliza el aborto). Llamativamente, puso el foco en que los profesionales de la salud conozcan y practiquen el denominado “aborto no punible”.
La interrupción del embarazo en nuestro país ha recorrido un camino de interpretaciones judiciales que ha desembocado en dos causales que tornan la práctica del aborto en totalmente legal. La interrupción legal del embarazo a causa de una violación o para evitar un peligro para la salud de la madre, son perfectamente permitidos, en las primeras 14 semanas de gestación. Todo ello, si bien los protocolos que los reglamentas se incumplen sistemáticamente y se bloquea todo avance en su aplicación. Por fuera de estas dos causales, se impone una consecuencia punitiva para quien lo realice y para la mujer que lo consienta. Hoy se cumplen 13 años en los que se han presentado varios proyectos de legalización ante el Congreso Nacional, y éste ha omitido el tratamiento en las comisiones pertinentes.

Sin embargo, el meollo de la cuestión poco se resuelve acudiendo a explicaciones jurídicas. El bien jurídico “vida humana” reconoce diferentes grados de protección y el bagaje legalista desarrolla numerosas teorías disímiles entre sí que explican el comienzo de la vida durante el lapso intrauterino. Dada la diversidad de posturas y vertientes doctrinarias, creemos que el aporte a la discusión es valioso pero en menor medida soluciona la controversia.

Más fructífero sería hacer uso del sano ejercicio de la conciencia y el sentido común. Si viéramos una situación en la cual una mujer decide realizarse un aborto, como si fuera una película, estaríamos viendo sólo el minuto final. Todas nuestras opiniones al respecto de ese aborto, serían algo así como una crítica cinematográfica sin haber visto el filme completo. Una injusticia ¿verdad? Una mujer sumida en la desesperación por realizarse un aborto, que se somete por su voluntad a un procedimiento doblemente peligroso, por ilegal y potencialmente mortal, revela la existencia de algo oscuro detrás que no podemos o no queremos ver. El aborto clandestino es la punta de un iceberg en cuya construcción participa toda la sociedad que violenta a las mujeres y les exige el cumplimiento de un estándar que poco tiene que ver con su voluntad. El movimiento feminista y afines se han movilizado con un sinnúmero de propuestas para evitar esta dramática instancia, sin obtener los resultados deseados. Las mujeres siguen muriendo por abortos clandestinos.

La problemática está afectada por diferentes visiones: concepciones de índole ético-moral, datos que revelan una realidad empírica, y una lucha histórica de dimensiones emancipatorias. La propuesta vertida en el Parlamento Nacional se sintetiza en el pedido de su despenalización, una tesis abierta a todas las posturas y consideraciones, ya que en ella se puede perfectamente convivir. Despenalizar es únicamente dejar de penalizar la práctica. Si derogásemos el artículo penal en cuestión, el Estado no podrá imponerse a las personas en su más plena libertad de decisión sobre la maternidad, a través de sus órganos punitivos. Tal vez sea hora de interpelarnos, ¿seremos capaces de abordar esta cuestión con una postura humanista, solidaria, y comprensiva de todas las experiencias y miradas? Si no lo hacemos, será nada menos que patear el embrollo para más adelante hasta lograr el efectivo consenso, tal y como venimos haciendo hasta hoy.

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