Elon Musk: ‘Me dijeron que era imposible y que estaba loco’ (sobre hacer autos y casas con energía sustentable y gratuita)

enero 12th, 2018 | por laopiniondiaria
Elon Musk: ‘Me dijeron que era imposible y que estaba loco’ (sobre hacer autos y casas con energía sustentable y gratuita)
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Es viernes a media tarde en las oficinas centrales de SpaceX en Hawthorne, California, Elon Musk está rodeado por tres de sus hijos: uno de sus trillizos, y sus dos mellizos.

Musk tiene puesta una remera gris y está sentado en una silla giratoria frente a su escritorio, que no está en una oficina privada detrás de una puerta cerrada, sino en un cubículo accesible en una esquina adornado con rarezas del espacio exterior, fotos de sus cohetes, y recuerdos de Tesla y sus otras compañías.

Más elocuente es un póster enmarcado de una estrella fugaz con una frase que dice: “Cuando le pedís un deseo a una estrella fugaz, tus sueños se hacen realidad. Excepto cuando es un meteorito dirigido a la Tierra que va a destruir toda la vida. Entonces estás perdido, sin importar lo que hayas pedido. Salvo que eso sea morir por un meteorito”.

Para la mayoría de la gente, esto sería sencillamente humor negro, pero en este ambiente, también es un recordatorio del plan maestro de Musk: crear hábitats para la humanidad en otros planetas y lunas. Si no mandamos a nuestra civilización a otra Edad Media antes de que Musk o algún heredero de su sueño lo realice, entonces Musk será recordado como una de las figuras más influyentes del milenio. Los niños de todos los planetas terraformados van a esperar que sea el Día de Musk, en el que tendrán el día libre para conmemorar el nacimiento del terrícola que inauguró la era de la colonización espacial.

Y ésa es sólo una de las ambiciones de Musk. Otras incluyen hacer que autos, casas y toda la industria imaginable que hoy usa combustibles fósiles pasen a usar energía sustentable; implementar una nueva forma de transporte entre ciudades a alta velocidad a través de tubos de vacío; aliviar el tránsito con un panal de túneles subterráneos con pistas eléctricas para autos y otros transportes; crear una interfaz entre mente y computadora que pueda mejorar la salud y el cerebro de los humanos; y salvar a la humanidad de la amenaza futura de una inteligencia artificial que quizás un día se vuelva loca y decida, de manera bastante racional, eliminar a la irracional especie humana.
Pero lo que sí hizo es algo que poca gente viva puede decir que ha hecho: se abrió paso, sin ninguna experiencia de ningún tipo, y muy laboriosamente, en dos campos con barreras ridículamente altas -la fabricación de autos (Tesla) y de cohetes espaciales (SpaceX)- y creó los mejores productos de esas industrias, tal como lo indica cualquier medición significativa en la que puedas pensar. En el proceso, logró venderle al mundo su capacidad para lograr objetivos tan ambiciosos que, en boca de cualquier otra persona, serían considerados meras fantasías.

Al menos, a la mayor parte del mundo. “Estoy siguiendo las pérdidas cortas”, dice Musk, absorto mirando el canal de información bursátil CNBC en su iPhone. Les habla a sus hijos sin levantar la vista de la pantalla. “Chicos, miren esto: Tesla tiene la posición corta más alta en toda la bolsa. Una posición corta de 9.000 millones de dólares.”

Sus hijos se inclinan sobre el teléfono, y miran un cuadro lleno de números que yo no entiendo. Así que Griffin, su hijo de 13 años, me lo explica: “Están apostando a que la bolsa va a caer, y están ganando plata con eso. Pero subió rápido, así que perdieron una cantidad ridícula de plata”.

“Son unos tarados que quieren que nos muramos”, elabora Musk. “Están constantemente tratando de inventar rumores falsos y amplificar todos los rumores negativos. Para ellos es un gran incentivo mentir y atacar mi integridad. Es horrible. Es…”

Se va apagando, como le pasa muchas veces que le preocupa un pensamiento. Intento ayudarlo: “¿Poco ético?”.

“Es…” Sacude la cabeza y busca con esfuerzo la palabra adecuada, después dice suavemente: “Hiriente”.

Es fácil confundir a alguien con lo que hace, y así convertirlo en una caricatura que se ajuste a una visión simplista del mundo. Nuestra cultura siempre necesita de héroes y villanos, genios y tontos, modelos de vida y chivos expiatorios. Pero más allá de quienes piensan lo contrario, Elon Musk no es un robot que llegó desde el futuro para salvar a la humanidad. Ni es un sabelotodo de Silicon Valley cuyo afecto emocional fue reemplazado por una inteligencia de computadoras. En el transcurso de nueve meses de seguirlo, de ver a Musk hacer cualquier cosa, desde armar las estrategias para aterrizajes en Marte con su equipo de ingenieros de cohete hasta planificar las próximas revelaciones con sus expertos en inteligencia artificial, aprendí que él es alguien que está muy lejos de lo que sugieren su mito y su reputación.

El New York Times dijo que él era “probablemente el empresario más exitoso e importante del mundo”. Es algo fácil de sostener: probablemente sea la única persona que lanzó cuatro compañías valuadas en miles de millones de dólares (PayPal, Tesla, SpaceX y Solar City). Pero, en su corazón, Musk no es un hombre de negocios ni un empresario. Es un ingeniero, un inventor y, como dice él, “un tecnologista”. Y como el ingeniero naturalmente talentoso que es, tiene la capacidad de encontrar las ineficiencias y errores de diseño de las herramientas que alimentan nuestra civilización.

“Puede ver las cosas con una claridad que nadie que yo conozca puede entender”, dice su hermano, Kimbal. Se refiere al amor de su hermano por el ajedrez en sus primeros años, y agrega: “En el ajedrez, si sos un maestro, podés pensar 12 jugadas antes. Y en cualquier situación en particular, Elon puede ver cosas con 12 jugadas de anticipación”.

“Me dijeron que esto era imposible”, dice Musk sobre Tesla. “Pero tengo un auto. Podés manejarlo. No es un maldito unicornio.”

Al poco tiempo, los hijos se van a la casa de su madre, la ex mujer de Musk, Justine. “Me gustaría ser privados con Tesla”, murmura Musk mientras se están yendo. “De hecho, ser una compañía pública nos hace menos eficientes.”

Y lo que viene después es simplemente… silencio.

Musk está sentado frente a su escritorio, mirando su teléfono, pero no tipea ni lee nada. Después se acuesta en el piso y estira la espalda en un cilindro de goma. Cuando termina, intento empezar la entrevista preguntándole por el Tesla Model 3 que lanzó una semana atrás, y cómo se sintió estar en un escenario y decirle al mundo que acababa de cumplir con un plan que llevaba 14 años de construcción: impulsar, a partir de autos eléctricos de lujo, un auto eléctrico para el mercado masivo.

El logro, para Musk, no es sólo hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares; es hacer un auto eléctrico de 35.000 dólares que sea tan bueno, y tan requerido, que obligará a otros productores de autos a eliminar de a poco los autos a nafta para competir. Y, como era de esperar, a los dos meses del lanzamiento, tanto GM como Jaguar Land Rover anunciaron que estaban planeando eliminar los autos a nafta y pasarse por completo a los eléctricos.

Musk piensa por un momento, empieza a contestar, y después hace una pausa. “Eh, de hecho, dejame ir al baño. Después te voy a pedir que repitas esa pregunta.” Una pausa más larga. “También tengo que sacarme otras cosas de la cabeza.”

Cinco minutos después, Musk todavía no volvió. Sam Teller, el jefe de su staff, dice: “Vuelvo enseguida”.

Varios minutos después, reaparecen ambos y se reúnen cerca, diciéndose cosas al oído. Después Musk vuelve a su escritorio.

“Podemos reprogramarla para otro día si es un mal momento”, ofrezco.

Musk golpea la superficie del escritorio con las manos, se recompone, y declina. “Quizás necesito un tiempo para entrar en el ritmo de las cosas.”

Después larga un suspiro y abandona su intento de mantener la compostura. “Acabo de romper con mi novia”, dice titubeando. “Estaba muy enamorado, y me dolió mucho.”

Hace una pausa y se corrige: “Bueno, en realidad creo que ella rompió conmigo más que yo con ella”.

Después, la respuesta a la pregunta anterior: lanzar el Model 3 se sintió inesperada, lamentable e incontrolablemente horrible. “Tuve un dolor emocional grave durante las últimas semanas”, elabora Musk. “Grave. Tuve que usar absolutamente toda mi fuerza de voluntad para hacer el evento del Model 3 y no parecer el tipo más deprimido del mundo. Durante todo ese día, yo estaba en un estado mórbido. Y después tuve que levantar: tomarme un par de Red Bulls, ver gente positiva y después decirme a mí mismo: ‘Tengo toda esta gente que depende de mí. Vamos, ¡hacelo!’.”

Minutos antes del evento, después de meditar, quizás por primera vez en su vida para poder concentrarse, Musk eligió una canción bastante reveladora para salir al escenario: “R U Mine?”, de los Arctic Monkeys.

Musk conversa sobre la separación unos minutos más, y después pregunta, honestamente, con cara de póker: “¿Hay alguien con quien creas que debería salir? Para mí es muy difícil conocer gente”. Traga saliva y aclara, tartamudeando suavemente: “Estoy buscando una relación larga. No quiero algo de una sola noche. Estoy buscando una compañera seria o un alma gemela, algo así”.

En un momento le digo que quizás no sea buena idea meterse directamente en otra relación. Quizás le conviene tomarse un tiempo para ver por qué no funcionaron sus relaciones anteriores en el largo plazo: su matrimonio con Justine Musk, su matrimonio con la actriz Talulah Riley, y su reciente noviazgo con la actriz Amber Heard.

Musk sacude la cabeza y hace una mueca: “Si no estoy enamorado, si no estoy con una compañera por mucho tiempo, no puedo estar feliz”.

Le explico que necesitar a alguien tanto que te sentís que no sos nada sin esa persona es una codependencia de manual.

Musk no está de acuerdo. Fuertemente. “No es verdad”, responde de manera petulante. “Nunca voy a ser feliz si no estoy con alguien. Irme a dormir solo me mata.” Duda, sacude la cabeza, titubea, y sigue. “No es que no sepa lo que se siente: estar en una casa grande vacía, caminando por pasillos y escuchando sólo el eco de tus pasos, no tenés a nadie. Nadie en la almohada junto a vos. Mierda. ¿Cómo podés ser feliz en una situación así?”

Hay verdad en lo que dice Musk. La cima puede ser un lugar solitario. Pero no para todo el mundo. Están solos en la cima los que estaban solos también abajo.

“Cuando era chico, había algo que yo decía”, sigue Musk. Sus gestos son duros, pero en el brillo de sus ojos y en el temblor de sus labios, hay una marea de emociones que es visible y que empuja para romper con los muros contenedores. “‘Nunca quiero estar solo’. Eso es lo que yo me decía.” Su voz cae hasta un suspiro. “Y no quiero estar solo.”

Se le forma un anillo rojo alrededor de los ojos, mientras mira hacia adelante y está sentado, congelado, en silencio. Musk es un titán, un visionario, una palanca humana que rompe enormes certezas históricas -el tipo de persona que aparece sólo un par de veces por siglo- pero, en este momento, parece un chico con miedo de que lo abandonen. Y quizás ésa la historia del origen de las super-ambiciones de Musk, pero ya hablaremos de eso. Mientras, Musk tiene algo para mostrarme.

“Si dijeras algo de lo que estás a punto de ver, nos costaría miles de millones de dólares”, dice, y se levanta del escritorio. “Y terminarías en la cárcel.”

***
Inspeccionando el Hyperloop, que va a transportar gente de ciudad a ciudad en tiempo récord. Foto: AP/ Damian Dovarganes
La atracción turística mas interesante en el condado de Los Angeles es una que no está en muchas guías: es el área que rodea SpaceX, en la no muy visitada ciudad de Hawthorne, en el sudoeste. Si caminás por Crenshaw Boulevard desde Jack Northrop Boulevard hasta la 120th Street, lo que vas a ver es una ciudad del futuro en construcción. Esto es Ciudad Musk, una realidad alternativa, un triunfo de la imaginación futurista más emocionante que cualquier parque de Disney. En el lado oeste de la calle hay un cohete de casi 50 metros que simboliza el sueño de Musk de los viajes interplanetarios de costo relativamente bajo. Este cohete en particular fue el primero en la historia humana en ser lanzado al espacio, y luego haber regresado intacto a la Tierra después de la separación, y luego haber sido disparado una vez más al espacio.

En el lado este de la calle hay un estacionamiento para empleados que fue cavado y transformado en el primer túnel de la Boring Company, la solución subterránea de Musk para los embotellamientos, y el hogar futuro de todos sus proyectos de transporte terrestre. Después, a lo largo de un kilómetro y medio detrás de Jack Northrop Boulevard, hay un tubo blanco de vacío en la banquina. Es la pista piloto para el Hyperloop, el medio de transporte de alta velocidad entre ciudades de Musk. Considerados todos juntos, los sueños de Ciudad Musk prometen conectar el planeta y el sistema solar de maneras que fundamentalmente van a cambiar la relación de la humanidad con dos de los aspectos más importantes de su realidad: la distancia y el tiempo.

Pero hay un edificio en particular en Ciudad Musk que muy pocos han visitado, y ahí es donde me lleva Musk. Es el Tesla Design Studio, donde hoy tiene que hacer una revisión del Tesla Truck y otros prototipos de vehículos del futuro junto a su equipo de diseñadores e ingenieros.

En la puerta hay un guardia que confisca mi teléfono y mi grabadora, y me dan lapicera y papel para tomar notas a la vieja usanza. Musk después entra al edificio y revela el Tesla Truck, el invento que apunta a ayudar a que la industria de camiones sea más ecológica. (Musk incluso estuvo jugando con la idea de crear un jet eléctrico supersónico, con despegue y aterrizaje verticales, en el futuro.) Cuatro miembros clave del equipo Tesla están aquí -Doug Field, JB Straubel, Franz von Holzhausen, Jerome Guillen- y observan expectantes mientras Musk explora por primera vez una nueva configuración de la cabina en la que vienen trabajando.

Guillen me explica la idea detrás del camión: “Pensamos: ‘¿Qué es lo que quiere la gente? Quieren algo confiable. Quieren el costo más bajo. Y quieren que el conductor esté cómodo’. Entonces reimaginamos el camión”.

Este es un ejemplo perfecto de la idea que visionarios que quieren copiar a Musk en todo el mundo siguen como una religión: el método de pensamiento de los principios básicos. En otras palabras, si querés crear o innovar, empezá con un pizarrón en blanco. No aceptes ninguna idea, práctica ni criterio solamente porque todos los demás los estén siguiendo. Por ejemplo, si querés hacer un camión, entonces tiene que ser capaz de mover cargas de manera confiable de un lugar a otro, y tenés que seguir las leyes existencias de la física. Todo lo demás es negociable, incluyendo regulaciones gubernamentales. Siempre y cuando recuerdes que la meta no es reinventar el camión, sino crear el mejor, independientemente de que sea similar a los camiones del pasado o no.

Como resultado de este tipo de pensamiento, Musk es capaz de ver una industria de manera mucho más objetiva que otros que han estado en ese campo durante la mayor parte de sus vidas.

“Me dijeron, literalmente, que esto era imposible y que yo era un enorme mentiroso”, dice Musk acerca de los primeros días de Tesla. “Pero tengo un auto y podés manejarlo. No es un maldito unicornio. Es real. Andá a dar una vuelta. Es fantástico. ¿Cómo podés seguir negándolo?”

Un hecho desafortunado de la naturaleza humana es que cuando la gente forma su idea respecto de algo, tiende a no cambiarla, incluso cuando se le presentan hechos que la contradicen. “Es muy poco científico”, dice Musk. “Existe esta cosita llamada física, que es el método científico que es bastante efectivo para descubrir la verdad.”

“El método científico” es una frase que Musk usa mucho cuando se le pregunta cómo se le ocurrió una idea, resolvió un problema o decidió empezar un negocio. Así es como lo define para sí mismo, más o menos según sus propias palabras:

1. Hacete una pregunta.

2. Reuní la mayor evidencia posible sobre ella.

3. Desarrollá axiomas basados en la evidencia, y tratá de asignarle una probabilidad de verdad a cada uno.

4. Sacá una conclusión basada en la contundencia para determinar: ¿Son correctos estos axiomas? ¿Son relevantes? ¿Conducen necesariamente a esta conclusión? ¿Con qué probabilidad?

5. Intentá refutar la conclusión. Buscá refutaciones de otros para intentar destruir tu conclusión.

6. Si nadie puede invalidar tu conclusión, entonces probablemente tenés razón, pero no estás seguro de tenerla.

“Ese es el metodo cientifico”, concluye Musk. “Es muy útil para resolver las cosas complicadas.”

Pero la mayoría de la gente no lo usa, dice. Se concentran en el pensamiento mágico. Ignoran contraargumentos. Forman conclusiones en base a lo que otros están haciendo y no haciendo. Como resultado, el razonamiento que les queda es: “Es verdad porque yo dije que es verdad”, pero no porque sea objetivamente verdad.

“La intención fundamental de Tesla, al menos mi motivación”, explica con su tartamudeo, “era acelerar la llegada de la energía sustentable. Por eso abrí los códigos de las patentes. Es la única manera de hacer una transición hacia la energía sustentable”.

“El cambio climático es la amenaza más grande que enfrenta la humanidad este siglo, después de la Inteligencia Artificial”, continúa. “Yo no paro de decírselo a la gente. Odio ser Casandra, pero es todo diversión y risas hasta que algún día alguien pierde un fucking ojo. Esta idea [del cambio climático] es compartida por todo el mundo que no está loco en la comunidad científica.”

Durante los siguientes 20 minutos, Musk examina el Tesla Truck. Primero comenta los detalles técnicos, incluso algunos tan pequeños como las ventajas y desventajas de diferentes tipos de soldaduras. Después pasa al diseño, específicamente algo acerca del confort para el conductor de lo que no puedo dar detalles específicos acá, debido a la mencionada amenaza de ir a la cárcel.

“Probablemente nadie lo vaya a comprar por esta razón”, le dice a su equipo. “Pero si vas a hacer un producto, tenés que hacerlo lindo. Incluso si no impacta en las ventas, yo quiero que sea lindo.”

***

“No tengo todas las putas respuestas”, dice irritado. “Trato de ver el curso de acción que pueda resultar en un futuro mejor.”

Según los cálculos de Musk, nuestras personalidades probablemente estén formadas en un 80 por ciento por naturaleza y 20 por ciento por educación. No importa cuál sea esa proporción realmente, pero si querés entender el futuro que está construyendo Musk, es fundamental entender el pasado que lo construyó a él, incluyendo sus miedos a la extinción humana y a estar solo.

Durante más o menos los primeros ocho años de su vida, Musk vivió con su madre, Maye, que era modelo y nutricionista, y su padre, Errol, un ingeniero, en Pretoria, Sudáfrica. Rara vez veía a alguno de los dos.

“No tuve una niñera o algo así”, recuerda Musk. “Sólo tenía una empleada de limpieza que estaba ahí para asegurarse de que yo no rompiera nada. No es que estaba cuidándome. Yo estaba afuera haciendo explosivos y leyendo libros o construyendo cohetes y haciendo cosas que podrían haberme matado. Me sorprende tener todos los dedos.” Levanta las manos y los examina, después baja los dedos. “Fui criado por los libros. Los libros, y después mis padres.”

Algunos de estos libros ayudan a explicar el mundo que está construyendo Musk, particularmente la serie de la Fundación, de Isaac Asimov. Los libros se centran en el trabajo de un visionario llamado Hari Seldon, que inventó un método científico para predecir el futuro basándose en el comportamiento de la masa. Vislumbra que a la humanidad le espera una era de años oscuros, una Edad Media de 30.000 años, y crea un plan que incluye enviar colonias científicas a planetas lejanos para ayudar a que la civilización mitigue este cataclismo inevitable.

“Asimov fue ciertamente influyente porque estaba haciendo un paralelismo serio con Decadencia y caída del Imperio Romano, de Gibbon, pero aplicó eso a un imperio galáctico moderno”, explica Musk. “La lección que aprendí es que tenés que tratar de llevar a cabo la serie de acciones que probablemente prolonguen la civilización, y minimicen la probabilidad de una edad media o reduzcan su duración si hubiera una.”

En esa época Musk tenía alrededor de 10 años, y atravesaba su propia época de oscuridad. Hacía poco había hecho una jugada que cambiaría por completo su vida. Fue una decisión equivocada que surgió de una idea correcta.

Cuando sus padres se separaron, dos años antes, él y sus hermanos menores -Kimbal y Tosca- se quedaron con su mamá. Pero, recuerda Musk, “yo me sentía mal por mi padre, porque mi madre tenía a los tres chicos. Parecía triste y solo por su cuenta. Así que pensé: ‘Yo puedo acompañarlo'”. Hace una pausa, mientras una cantidad de imágenes que podrían llenar una película parecen titilar en su mente. “Sí, estaba triste por mi padre. Pero en el momento no entendí verdaderamente qué clase de persona era.”

Deja salir un suspiro largo y triste; después dice, lisa y llanamente, acerca de mudarse con su padre: “No fue una buena idea”.

Según Elon, Errol tiene un coeficiente intelectual extremadamente alto -“es brillante como ingeniero, brillante”- y supuestamente fue la persona más joven en recibirse de ingeniero en Sudáfrica. Cuando Elon fue a vivir con él en Lone Hill, un suburbio de Johanesburgo, Errol estaba, según su propio relato, haciendo dinero en los mundos, muchas veces peligrosos, de la construcción y la minería de esmeraldas, por momentos tanto que dice que no podía cerrar su alcancía.

“Soy naturalmente bueno para la ingeniería, y eso es porque lo heredé de mi padre”, dice Musk. “Lo que es difícil para otros, es fácil para mí. Durante un tiempo, pensaba que las cosas eran tan obvias que todo el mundo debía saberlas.”

¿Como qué cosas?

“Bueno, por ejemplo, cómo funciona el cableado en una casa. Y un disyuntor, y la corriente alterna y la corriente directa, el amperaje y el voltaje, cómo mezclar un combustible y un oxidante para crear un explosivo. Pensé que todo el mundo lo sabía.”

Pero hubo otro aspecto del padre de Musk que fue igual de importante para hacer que Elon fuera quien es. “Era un ser humano horrible”, comparte Musk. “No te das una idea.” Le tiembla la voz, y habla de algunas de estas cosas, pero no da detalles específicos. “Mi papá tenía un plan detallado para el mal”, dice. “El planificaba el mal.”

Más allá del abuso emocional, ¿había abuso físico?

“Mi papá no era físicamente violento conmigo. Sólo fue físicamente violento cuando yo era muy chico.” (Errol me negó esto por e-mail y dijo que sólo le “pegó” a Elon una vez, “en la cola”.)

Los ojos de Elon se ponen rojos mientras sigue hablando de su papá. “No te das una idea de lo malo que era. Cometió casi todos los crímenes que te puedas imaginar. Casi todas las cosas malas que te puedas imaginar, él las hizo. Eh…”

Claramente, hay algo que Musk quiere compartir, pero no logra pronunciar las palabras, al menos no en la entrevista. “Es tan terrible que no lo podés creer.”

Le caen lágrimas silenciosas por la cara. “No me acuerdo de la última vez que lloré.” Después se gira hacia Teller para confirmarlo. “Nunca me viste llorar.”

“No”, dice Teller. “Nunca te vi llorar.”

El flujo de lágrimas se detiene tan rápido como empezó. Y una vez más, Musk tiene la cara gentil, fría e impasible que es más conocida para el mundo exterior.

Pero ahora está claro que no se trata de la cara de alguien que carezca de emociones, sino la cara de alguien con muchas emociones que fue forzado a reprimirlas para sobrevivir a una infancia dolorosa.

Ante la pregunta acerca de si cometió crímenes, el padre de Musk dijo que nunca amenazó ni lastimó a nadie intencionalmente, ni que lo acusaron de nada, excepto… un caso en el que dice que les disparó y mató a tres de cinco o seis personas armadas que entraron en su casa, y que luego lo absolvieron por considerarlo defensa propia.

En su email, Errol escribió: “Se me acusó de ser un gay, un misógino, un pedófilo, un traidor, una rata, una mierda (muchas veces), un bastardo (muchas mujeres a quienes no les devolví la atención) y mucho más. Mi (maravillosa) madre me dijo que soy ‘despiadado’ y que debería aprender a ser más ‘humano'”. Pero, concluyó: “Amo a mis hijos y haría cualquier cosa por ellos”.

Como adulto, Musk, con el mismo optimismo con el que se mudó con su padre cuando era chico, mudó a su papá, a su esposa de entonces y a sus hijos a Malibú. Pero su padre, dice Elon, no había cambiado, y Elon cortó la relación.

“En mi experiencia, no hay nada que puedas hacer”, dice acerca de finalmente haber aprendido la lección de que su papá nunca va a cambiar. “Nada, nada. Ojalá. Intenté todo. Traté con amenazas, con premios, con discusiones intelectuales, todo, para tratar de que mi padre mejorara, y él… al contrario, se puso peor.”

En algún lugar de este vínculo traumático está la clave de la visión del mundo de Musk: creación versus destrucción, ser útil versus ser dañino, defender el mundo contra el mal.

Las cosas en la escuela no eran mucho mejor que en casa. Ahí, Musk fue brutalmente abusado hasta los 15 años.

“Durante mucho tiempo, yo era el más joven y el más pequeño de la clase, porque mi cumpleaños cae casi en el último día en el que te aceptan en la escuela, el 28 de junio. Y yo me desarrollé tarde. Así que fui el más joven y el más chico de la clase durante años y años. Las pandillas de la escuela me agarraban y me tiraban al piso.”

Musk guardó los libros y empezó a aprender a defenderse con karate, judo, lucha. Esa educación física, combinada con un estirón que lo llevó a medir un 1,83 a los 16 años, le dio algo de confianza y, según él dice: “Empecé a golpear tan fuerte como me golpeaban a mí”.

Cuando se peleó con el matón más grande de la escuela y lo bajó de una piña, Musk notó que nunca más lo volvió a molestar. “Me enseñó una lección: si estás peleando con un matón, no podés apaciguarlo.” Musk dice las siguientes palabras con convicción: “Le tenés que pegar en la nariz. Los matones buscan personas que no van a defenderse. Si te convertís en una víctima difícil, y le pegás en la nariz, quizás va a tratar de cagarte a trompadas, pero después nunca más te va a pegar.”

Cuando tenía 17, Musk dejó la universidad y se mudó al país de nacimiento de su madre, Canadá, donde después consiguió pasaportes para su mamá, su hermano y su hermana para que se le sumaran ahí. Su padre no le deseó lo mejor, recuerda Musk. “Dijo, con ánimo peleador, que seguro volvía a los tres meses, que nunca lo iba a lograr, que nunca iba a hacer nada con mi vida. Todo el tiempo me decía que era un idiota. Y eso, dicho sea de paso, es sólo la punta del iceberg.”

***

“Mi papá era un ser horrible. Tenía un plan detallado para el mal. Casi todas las cosas malas que te puedas imaginar, él las hizo.”

Luego de que Musk se hizo exitoso, su padre incluso se adjudicó haberlo ayudado, a tal punto que aparece como un hecho en la entrada de Wikipedia de Elon. “Una cosa que dice es que nos dio un montón de dinero para empezar, a mi hermano y a mí, para que empezáramos nuestra primera compañía [Zip2, que les vendía guías de ciudades online a los diarios]. Eso no es verdad”, dice Musk. “El fue irrelevante. No pagó nada de nuestra universidad. Mi hermano y yo pagamos la universidad con becas, préstamos y teniendo dos trabajos al mismo tiempo. Los fondos para nuestra primera compañía salieron de un pequeño grupo de inversores de Silicon Valley.”

La historia de la carrera de Musk decora su escritorio. Hay un ítem de casi todas sus compañías, incluso una taza de X.com, el banco online que lanzó y que se transformó en PayPal. La venta de Zip2 resultó en un cheque de 22 millones de dólares que usó, en parte, para empezar X.com. Con los aproximadamente 180 millones de dólares, después de impuestos, que hizo con la venta de PayPal, empezó SpaceX con 100 millones de dólares, puso 70 millones en Tesla, invirtió 10 millones en Solar City, y ahorró un poco para él.

Uno de los malentendidos que más irritan a Musk es que lo encasillen y lo limiten, ya sea como un Tony Stark de la vida real o como el segundo advenimiento de Steve Jobs. Cuando, en una sesión de fotos, le pidieron que se pusiera una polera negra, la prenda emblemática de Jobs, se erizó. “Si me estuviera muriendo, y llevara puesta una polera”, me dice, “con mi último aliento, me sacaría la polera y trataría de tirarla lo más lejos posible de mi cuerpo”.

¿Entonces, cuál es la ideología de Musk?

“Yo trato de hacer cosas útiles”, explica. “Esa es una linda aspiración. Y útil significa que sea de valor para el resto de la sociedad. ¿Son cosas útiles, que funcionan y hacen que la vida de la gente sea mejor, que hacen que el futuro parezca mejor, y que de hecho sea mejor también? Creo que debemos intentar que el futuro sea mejor.”

Ante el pedido de que defina “mejor”, Musk elabora: “Sería mejor si mitigáramos los efectos del calentamiento global y tuviéramos aire limpio en las ciudades y no estuviéramos usando enormes cantidades de carbón, petróleo y gas en partes del mundo que son problemáticas, y donde igualmente se va a acabar”.

“Y si fuéramos una especie interplanetaria, eso reduciría la posibilidad de que un evento, natural o humano, borrara la civilización tal como la conocemos, como hizo con los dinosaurios. Hubo cinco eventos de extinción masiva en el registro fósil. La gente no tiene comprensión de estas cosas. Excepto que seas una cucaracha o un hongo -o una esponja-, estás jodido.” Se ríe. “Es un seguro de vida tal como la conocemos, y hace que el futuro sea más inspirador si estamos ahí entre las estrellas y podés mudarte a otro planeta si querés.”

Esta, entonces, es la ideología de Musk. Y aunque es básica, es bastante única. Pensá en los otros nombres que uno asocia con la innovación en este siglo: son gente que construyó sistemas operativos, dispositivos, sitios web o plataformas de redes sociales. Incluso si no empezó así, la ideología en la mayoría de los casos se transformó al poco tiempo en: ¿cómo puedo hacer que mi compañía sea el centro del mundo de mis usuarios? Así, redes sociales como Facebook y Twitter usan una cantidad de trucos para activar los centros adictivos de los cerebros de los usuarios.

Si los empleados de Musk sugirieran hacer algo así, probablemente los miraría y les diría que están locos. Este tipo de pensamiento no corre. “Es realmente inconsistente no ser como querés que sea el mundo”, dice llanamente, “y después, a través de un par de trucos, operar según un código moral mientras el resto del mundo opera según otro. Esto, obviamente, no es algo que vaya a funcionar. Si todo el mundo está tratando de engañar con trucos a todo el mundo todo el tiempo, será todo sólo ruido y confusión. Es mejor ser directo y tratar de hacer cosas útiles”.

Habla acerca de construir una base permanente en la Luna, y de seguir financiando SpaceX creando cohetes para pasajeros capaces de viajar a cualquier ciudad del mundo en menos de una hora, una forma de transporte que él llama “Tierra-a-Tierra”. Le pregunto si hay algo que él crea que funciona y que sorprenda a la gente.

“Creo que ser preciso con la verdad funciona. Verdadero y preciso. Yo trato de decirle a la gente: ‘Conmigo no tenés que leer entre líneas. ¡Yo te estoy diciendo esas líneas!’.”

En otra ocasión, veo a Musk en una reunión del equipo de ingenieros de SpaceX, donde ocho expertos están sentados alrededor de una mesa con sillas rojas con respaldos altos, y le muestran a Musk un PowerPoint con las últimas actualizaciones del diseño de la nave espacial para ir a Marte. Y mientras Musk sigue los detalles técnicos con algunas de las mentes más brillantes del espacio aéreo, también añade un elemento que va más allá de la logística y la ingeniería.

“Asegúrense de que no sea feo ni nada por el estilo”, aconseja en un momento. Después: “La estética de ésta no está muy buena. Parece un lagarto asustado”. Y, en un momento típicamente irónico: “Cuando aterrices en Marte, vas a querer que la lista de cosas de las que tenés que preocuparte sea lo suficientemente chica como para que no te mueras”.

En general, hay un tema que recorre las devoluciones de Musk: primero, las cosas tienen que ser útiles, lógicas y científicamente posibles.

Después, él quiere mejorar la eficiencia en todos los niveles: ¿Qué es lo que la gente está aceptando como un estándar de la industria, cuando hay lugar para una mejora significativa?

Desde ahí, Musk se esfuerza para que el producto final sea estéticamente bello, simple, cool, audaz (“Odia las costuras”, confiesa un empleado) y, según dice Musk en un momento en la reunión, “maravilloso”.

A lo largo del proceso, hay un elemento adicional que pocas compañías se permiten: personalización. Habitualmente, esto incluye que Musk les agregue huevos de Pascua y referencias personales a los productos, como hacer que el volumen del sistema de sonido del Tesla llegue a 11 (en homenaje a Spinal Tap) o enviar una “carga secreta” al espacio en el primer lanzamiento de su Dragon que resultó ser un pedazo de queso (en homenaje a Monty Python).

Más allá de todo esto, lo más enloquecedor o emocionante para los empleados de Musk, según a quién le preguntes, es la escala de tiempo en la que muchas veces él espera que se haga el trabajo. Por ejemplo, un viernes, cuando yo estaba de visita, un par de miembros del staff de SpaceX estaban yendo de un lado a otro frenéticamente, de la oficina al estacionamiento de enfrente. Resulta que durante una reunión, él les preguntó cuánto tardarían en sacar los autos de los empleados del estacionamiento y empezar a cavar el primer agujero para el túnel de la Boring Company. La respuesta: dos semanas.

Musk preguntó por qué, y cuando reunió la información necesaria, concluyó: “Empecemos hoy y veamos cuán grande es el agujero que podemos construir de acá al domingo a la tarde, 24 horas por día”. A las tres horas, los autos no estaban y había un agujero en el suelo.

Por otro lado, una cosa por la que Musk es famoso es por ponerse fechas límite ambiciosas con las que luego no puede cumplir. El Roadster, el Model S y el Model X fueron retrasados de su fecha original, y ahora el Model 3 -con su lista de espera de casi medio millón de personas- está sufriendo de sus propias demoras de producción. Hay muchas razones para esto, pero Musk resume: “Es mejor hacer algo bueno y tarde que malo y temprano”. Así que podés esperar que Musk lo haga, pero quizás no a tiempo. Porque si no puede hacerlo, no va a fingir otra cosa.

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