Fútbol: a 40 años del primer título mundial de Argentina

junio 25th, 2018 | por laopiniondiaria
Fútbol: a 40 años del primer título mundial de Argentina
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La Selección bordó su primera estrella planetaria en el estadio Monumental, tras superar 3-1 a Holanda en tiempo suplementario. Aquí, los detalles de la larga noche de vigilia del entrenador antes de la final y el discurso que escucharon los jugadores en la antesala de alcanzar la gloria.

El 25 de junio de 1978, la Selección bordaba su primera estrella mundialista encima del escudo de AFA: en el estadio Monumental, vencía 3-1 a Holanda en tiempo suplementario y se consagraba campeona de la Copa del Mundo Argentina 1978, con Mario Kempes como figura y estandarte, con César Luis Menotti y su filosofía, que instaló uno de los dogmas dominantes en nuestro fútbol (junto al de Bilardo), en el banco de suplentes.

El Matador y Dick Nanninga habían anotado los goles en tiempo regular. Rensenbrink, con un tiro en el palo en el último minuto, amagó con arrebatarle el trofeo a la Selección, pero el destino había escrito los goles del propio Kempes y de Daniel Bertoni en el alargue para coronar a Argentina, que luego repetiría en 1986.

Pero fue en 1978 cuando Argentina se ganó un lugar en el privilegiado lote de los campeones mundiales. En un contexto difícil, con un país sumergido en la más cruenta dictadura militar, los futbolistas escribieron una de las dos páginas más gloriosas del fútbol nacional a nivel selecciones.

Menotti, con cuatro años de trabajo para instalar su idea, fue quien comandó la gesta. Dos días después de la vuelta olímpica, el periodista Carlos Ferreira publicó en la revista El Gráfico el artículo “El último faso con Menotti”, en el que relató la noche previa y la charla técnica del entrenador antes de la definición que consagraría a la Selección.

Un artículo que abunda en detalles y en el espíritu que pregonaba. Aquí, un extracto de aquel texto que describe en algunas imágenes la filosofía que había deslumbrado en Huracán y luego llevó a Barcelona, River, Boca e Independiente, entre otros clubes.

EL ÚLTIMO FASO CON MENOTTI

Cinco horas de sueño son la panacea para el hombre largo, huesudo y ojeroso. Porque es más común que no duerma, que su sombra filosa recorra las paredes de su refugio de José C. Paz (la Quinta de la fundación Natalio Salvatori) – camarote de velero allá en lo alto -, envuelto en humo de cigarrillo, toda la madrugada.

Algo así sucedió con César Luis Menotti la madrugada del 25 de junio. Una botella de whisky, fasos – porque Menotti no fuma cigarrillos sino “fasos” – y la compañía de Roberto Saporiti.

Discutieron mucho. Muchísimo. El Flaco logró lo que quería: que Saporiti se enojara al punto de terminar, a las cinco y pico de la madrugada, mirándose a un espejo y gritando: “Vos sos un idiota, Roberto. ¡Cómo te ponés a discutir con este cuadrado! ¡Pero mirá las cosas que dice, no se pueden creer!”.

Y Menotti seguía: “Vos te alegrás, porque no juegan Suurbier y Rijsbergen. ¡Pero a mí que me importa! Dejá que jueguen, así les ganamos con todos los titulares. Andá, andá, vos que viviste en Holanda, andá a decirle a Happel cómo le vamos a jugar…”.

Y Saporiti engranaba. Saporiti decía que a Holanda había que atacarla: Menotti también, pero agregaba que debía ser con orden. Y cuando parecía que su opinión se encaminaba, la frase que volvía a hacer hervir a Saporiti: “Mirá, juguemos como juguemos les vamos a ganar. ¿Qué querés con ésos? Cuando fui a ver Holanda-Bélgica pregunté por el técnico holandés y nadie lo conocía. Si no saben dónde están parados…”.

Y Saporiti se enardecía. Y las horas pasaron. Y cinco horas de sueño.
A las 10, Menotti está de pie. Hay barro en las calles aledañas a la concentración. Hay plomo en el gris cielo. Hay celeste y blanco por todas partes. José C. Paz comienza a rodear de cantos y cariño el hogar de la Selección.

“Me levanté triste”, dice Menotti . Después de todo lo que soñamos y vivimos dentro de la Fundación, me produce una gran tristeza dejarla. Somos una familia que tiene que separarse.

Afuera, mujeres y chicos ensayan cantos, maltratan banderas, golpean bombos folklóricos. Y Gustavo Pedro Alberto Rodríguez, que tiene 10 años, que llegó con sus padres desde Bella Vista, canta, salta… Y saca fotos con una maquinita muy pequeña que tiene un rollo de doce exposiciones color. Una de ellas la reserva para el cartel que despliegan unos muchachos: “Clemente, Firme Junto a la Selección” y el amigo de todos, el personaje de Caloi, mal dibujado por la técnica del corazón, sonríe.

Son las 12.15, una camioneta del EAM deja la concentración. Junto al conductor va Andrés Do Campo, el utilero de la Selección. Los policías que custodian se alegran de que todo comience a terminar: “Hace tres meses que estamos aquí; nos gustó mucho, pero tenemos ganas de volver a la normalidad”, afirma uno.

A las 13.15, una multitud comienza a agitarse. Allá en el fondo, a unos ciento cincuenta metros, el micro que lleva a los jugadores inicia su marcha. Delante, dos coches de la policía y dos carros del ejército. Luque va pegado al parabrisas. Hay sonrisas en todos los jugadores. Hoy, todavía los sorprende el fervor de la gente, el grito de los chicos, el beso de las chicas jóvenes, y el que tiran al azar las ancianas.

A medida que se acercan al estadio, las caras comienzan a transfigurarse. Ya son otras. Más serias, más concentradas. Mil cosas se cruzan por esas cabezas en un cóctel cuyo ingrediente principal es la charla técnica que Menotti dio a las doce del mediodía y que terminó así: “Finalmente, les pido una vez más como siempre, esto: que respeten sus convicciones. Nuestra obligación es hacer lo imposible por darle a la gente, a nuestra gente, un espectáculo inolvidable. Juéguense enteros a mano de lo que mejor saben hacer. Jueguen. Jueguen siempre. La lucha es un ingrediente más del fútbol. El que da batalla no debe olvidarse de jugar nunca. Siempre supimos qué camino tomar, qué queríamos. Hoy, más que nunca, tenemos que poner en práctica la idea que movió a este conjunto de hombres que somos nosotros. Que nos ganen, que muramos con nuestra verdad entre las manos. Ganemos, si se puede, de la misma manera”.

Y ganó Argentina. Ganó jugando, como indicaba el mandato.

El plantel completo del campeón

La numeración se regía por orden alfabético

1 Norberto Alonso (mediocampista)
2 Osvaldo Ardiles (mediocampista)
3 Héctor Baley (arquero)
4 Daniel Bertoni (delantero)
5 Ubaldo Fillol (arquero)
6 Américo Gallego (mediocampista)
7 Luis Galván (defensor)
8 Rubén Galván (mediocampista)
9 René Houseman (delantero)
10 Mario Kempes (delantero)
11 Daniel Killer (defensor)
12 Omar Larrosa (mediocampista)
13 Ricardo La Volpe (arquero)
14 Leopoldo Luque (delantero)
15 Jorge Mario Olguín (defensor)
16 Oscar Ortiz (delantero)
17 Miguel Oviedo (defensor)
18 Rubén Pagnanini (defensor)
19 Daniel Passarella (defensor)
20 Alberto Tarantini (defensor)
21 José Daniel Valencia (mediocampista)
22 Ricardo Villa (mediocampista)
DT César Luis Menotti

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