La rara costumbre de escuchar los audios de WhatsApp después de enviarlos

mayo 16th, 2017 | por laopiniondiaria
La rara costumbre de escuchar los audios de WhatsApp después de enviarlos
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Me daría un poco de vergüenza mandarte esto si no supiera que a mucha gente le pasa igual. Cada vez que mando un audio por WhatsApp, sea de 10 segundos o de 2 minutos, lo escucho. No lo puedo evitar y ya es una costumbre natural. Se manda y se escucha. A veces es para escuchar cómo conté lo que conté (aunque si me equivoco tampoco hay chances de corregirlo) pero otras no entiendo por qué lo hago. ¿Tengo alguna patología?

La enamorada de su propia voz (27)

Querida enamorada:

Por supuesto que desde esta columna no tenemos el ímpetu de andar haciendo diagnósticos a ciegas. Hecha la aclaración, sí parece más bien un rasgo obsesivo y narcisista. Obsesivo porque muestra una excesiva preocupación porque el audio “quede perfecto” (¿tan importante es ser elocuente si le estás recordando a tu novio que hay que comprar manteca?) o como mínimo una compulsión para saber exactamente cómo salió; y narcisista porque, bueno, es un gesto narcisista perder tanto tiempo escuchándonos a nosotros mismos. El narcisismo en general nos suena a mala palabra, lo asociamos con el egoísmo y con la incapacidad de prestarles atención a los demás; pero los psicólogos suelen explicar que una dosis de narcisismo es necesaria, un poquito de autoamor digamos.

La pregunta clave para chequear la gravedad de estas miniobsesiones es siempre la misma: ¿qué te pasa cuando lo dejás de hacer? Si mandás un audio y te obligás a no escucharlo antes, ¿te pasás mil horas pensando en el tema? ¿Te despierta algún tipo de miedo o ansiedad? Probá pasar un día entero sin escuchar tus audios antes de mandarlos: si podés hacerlo con un poquito de fuerza de voluntad, entonces no pasa nada. Si realmente te produce angustia o te das cuenta de que te cuesta un montón, entonces sí vale la pena tomarlo como un síntoma de alguna otra cosa y charlarlo con algún especialista. Pero tampoco es para exagerar: la salud mental es una cuestión de grises y a nadie le falta un tornillo desajustado.

Cariños,

Consuelo

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